EDV: El Inicio del Fin






El fin del mundo no tardaría en llegar. Las legiones infernales, y sus homólogas, las legiones celestiales ya preparaban sus armas.
Hacía 6666 años de la última gran batalla. En esta batalla se decidió el transcurrir de todo lo existente pero ahora… las legiones infernales bramaban por salir del Infierno, donde los celestiales les enviaron hacía tanto tiempo, y en su bramar, clamaban venganza.
Durante esos 6666 años, los cuatro jinetes del Apocalipsis: Hambre, Guerra, Muerte, (y el más temido) Peste se habían estado preparando para la gran batalla.
Hambre, Guerra y Muerte eran muy optimistas. En su pensamiento sólo había sitio para la victoria. Y era lógico, porque el perder no significaría más que volver al infierno, y era un pensamiento insoportable pero… ganar… ganar significaría dominar lo existente: miles de almas, las vivas en la tierra y las vivas en el cielo serían suyas, y el imperio de maldad del gran Rey de las Tinieblas, el Innombrable y a la vez el que más nombre tenía, se levantaría con oleadas de crueldad.
Sin embargo Peste era más realista. Durante los largos años de cautiverio en el infierno había aprendido de las divinidades que incluso con ellos, los más grandes y poderosos de los demonios del Rey de las Tinieblas, jugaban cuanto querían.
Peste no sabía qué sería de ellos, pero sí sabía que no dependería más que de la decisión que tomaran antes de la batalla El rey de las Tinieblas, y el rey de la Luz, que eran los verdaderos dueños de todo lo existente.
E incluso con este lúgubre pensamiento decidió luchar. Luchar por la victoria. De todas formas disfrutaría arrasando con las almas “buenas” que encontrara a su paso.

Durante varios meses el movimiento en el pandemonium provocó grandes cataclismos en la tierra, ya que estaban encerrados bajo ella. Incluso los humanos, seres débiles donde nacían las almas para crecer lo suficiente como para poder morir, notaban, a pesar de sus limitadas facultades, que el fin estaba por llegar. Los rezos a unas y otras divinidades resonaban en todo el inframundo y las pequeñas grietas por donde los más pequeños diablillos habían estado escapando durante milenios estaban ensanchándose.

No era muy distinto de lo que sucedía en el Cielo. Terribles tormentas y vendavales azotaban la tierra debido al gran despliegue de legiones celestiales. Los Arcángeles, generales de los ejércitos celestiales, daban órdenes a sus tropas sin cesar y éstas obedecían con la presteza de haber estado preparándose 6666 años.

Peste salió de la montaña de roca fundida que tenía por refugio en el inframundo. En la tierra habría sido el mayor volcán existente. Y en el infierno era, después de la residencia del Rey de las Tinieblas, el mejor y más poderoso palacio.
Al lado de su fortaleza, Peste no era más que un grano de arena. Él era un gran demonio, y podía aparentar la forma que quisiera pero le gustaba aparentar a un viejo enjuto, carcomido por la tos ferina y la tuberculosis, con bubas y esputos repartidos por su piel. Vestido de manera andrajosa y despidiendo olor a hiel.
Con paso cansino, cojeando, Peste se dirigió lentamente a la gran puerta que debiera abrirse en 6 días. La miró desafiante. Los grandes demonios la podían cruzar, y de hecho ya lo habían hecho alguna vez. Peste sonrió al recordar las terribles plagas y epidemias que él y sus tres compañeros habían desencadenado en la tierra.
Pero dejó esas elucubraciones. Él no se fiaba de los celestiales, ya les habían derrotado una vez, y el sólo hecho de mencionarlo le hacía hervir de ira. Iría a espiarles él mismo. No podía entrar en el cielo para ver lo que allí pasaba, pero… había métodos de escucha menos ortodoxos.
Peste llegó al mundo. Y procuró contener su poder, no quería que se le notase. Atravesó la puerta apareciendo en la trastienda de un pequeño restaurante colombiano en el centro de Bogotá. Había sectas en esa ciudad que adoraban al diablo, y Peste iba a contactar con una de ellas.
Durante milenios había estado escuchando las plegarias de los humanos, y la secta que iba a visitar ya había recibido la “inestimable” ayuda de algunos demonios. Hasta ahora sólo habían tratado con diablillos de poca monta pero eso era suficiente como para asegurarse una fe ciega en él, que era lo que más necesitaba para su complicado sortilegio.
Tomó la forma de un joven corriente, para no llamar la atención y se dispuso a andar por la ciudad camino de una gran mansión de la época imperialista española, que a lo largo de los años había ido convirtiéndose en una de las más lujosas y misteriosas casas de Bogotá.
Al llegar a la puerta dos guardias le flanquearon el paso. No esperaban a nadie. Pero una simple mirada de Peste les llenó la mente de conocimientos acerca de quién era él y de la obediencia que le debían.
Peste levantó un poco más la cabeza y todos y cada uno de los seres en la mansión supieron de su llegada. En pocos minutos toda una comitiva de los más altos dignatarios de la secta recibió al gran demonio como a la divinidad que era.
Peste no quiso enredarse en los agasajes que los dignatarios querían ofrecerle, y pidió hablar con la cúpula del poder en solitario.
Peste no hablaba, simplemente miraba a la persona con quien quería comunicarse e inmediatamente ésta sabía lo que tenía que hacer.
Hizo entonces saber a los dignatarios que necesitaba al más ferviente siervo de su Rey para encomendarle la “Más importante misión” que el infierno jamás había necesitado.
Todos los presentes, en su afán de poder y de influencias, se ofrecieron. Excepto uno, el más anciano de todos ellos. El viejo recomendó al gran demonio a un joven sectario. Una persona que había demostrado su fe en la maldad en incontables veces y que incluso había conseguido vencer en juegos de astucia a los anteriores enviados del inframundo.
Peste hizo entonces que el joven apareciera en la sala. La comitiva de dignatarios se hizo a un lado y Peste, mirando esta vez a los ojos al chico dijo:
- ¿Deseas ser la más importante pieza en la misión más importante que el Infierno jamás ha necesitado? - Su voz sonó metálica, y chirriante, y todos los miembros en la sala la notaron como arañazos en su pecho.
El chico, sin dudarlo un solo instante dijo:
- Mi alma sólo pertenece a Satán.
Peste asintió, levantó una mano esquelética y la apoyó en el hombro del chico. Éste se mantenía muy rígido, como si pensara que el más leve movimiento pudiera romper el ritual.
El silencio se había hecho en la sala, e incluso las retorcidas sombras que las velas proyectaban en toda la habitación dejaron de moverse.
Súbitamente, con un rápido movimiento, Peste introdujo su otra mano en el pecho del chico, hundiéndola en su carne como si de agua se tratase.
El joven gritó de dolor mientras Peste absorbía de su alma todos los pecados que había cometido en su vida. Para entrar en el Cielo necesitaba un alma limpia y la estaba limpiando.
Al terminar de absorber todo el mal del alma del chico éste cerró los ojos y todo su cuerpo se relajó quedando literalmente colgado del brazo extendido del viejo cuerpo de Peste.
Pero el chico no estaba muerto, Peste mantenía unido el hilo de plata entre el alma del chico y su cuerpo terrenal.
Él no podría ir al cielo, pero podría ver a través del túnel que se aparecería ante el alma del chico una vez ésta saliese del cuerpo.
El alma salió del cuerpo, y como Peste esperaba, un túnel apareció ante el alma. Peste controlaba el alma con su mano, y veía con su poder inutilizando el libre albedrío del verdadero dueño. El hilo seguía uniendo el espíritu al cuerpo, y Peste pudo ver lo que tanto deseaba: Las Legiones Celestiales.
Los 4 arcángeles: Miguel, Rafael, Gabriel y Enmanuel estaban a la cabeza de sus miríadas de guerreros celestiales dando las últimas instrucciones. Peste pudo oirlas, y ver como los generales de los ejércitos de Dios iniciaban la marcha hacia la puerta del Infierno. Pretendían usar la vieja estrategia del embudo para acorralar a la salida del infierno a las tropas infernales. No era un mal plan pero…
Ahora las tropras infernales lo sabían.

Comentarios

Fenit ha dicho que…
Muy bueno el relato,me ha gustado mucho la verdad.Y a pesar de ser largo no me ha aburrido para nada.
CTMA ha dicho que…
¿Dónde albergas tal chorro de imaginación? ¡Eres increíble y es genial! Sigue así...
Unknown ha dicho que…
Muy bueno!! Un enfoque muy original. Me encanta ;)
Magister_Mortis ha dicho que…
Yenay este relato desde que lo leí me encantó. Y ahora que tengo la posibilidad de nominarte a un premio meme no dudo en hacerlo :)

Para mas informacion acerca de los premios meme echale un vistazo a mi blog y ves de que se trata ^^

Saludos y a seguir escribiendo :D
Piero ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Piero ha dicho que…
Buenísimo, me has atrapado en la lectura continúalo por favor...

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