La Química de las Palabras
Hacía poco que Argeme se había mudado de ciudad. Llevaba allí poco tiempo,
pero le gustaba esa nueva libertad.
Había alquilado un piso ella sola y por eso caía en la nostalgia a veces, pero en general estaba muy contenta.
La oportunidad en el nuevo trabajo que tenía era muy buena, y durante los últimos años en su pueblecito natal, siempre había deseado emprender una aventura de ese estilo.
Después de todo, se había esforzado mucho estudiando por las noches para poder dedicarse a lo que ella quería. Le gustaban mucho los niños, y había conseguido trabajo en una guardería buenísima en una ciudad no muy lejos de su pueblo.
No cobraba mucho, pero tenía una libertad que hacía tiempo que no tenía, ya casi se había olvidado de lo libre que podía ser. Sus últimas experiencias con chicos y con la gente del pueblo la hastiaban cada vez más, y cuando le surgió la oportunidad de irse, y volver cólo cuando ella quería le hizo sentir una tremenda liberación.
A veces se sentía sola, sí, como ese día, pero se preguntó a sí misma si le gustaría volver a su vida anterior, monótona, predecible, ... aburrida. Decidió que no. No llevaba allí mucho tiempo, pero lo que más le apasionaba es que nada estaba escrito, nada hacía predecir lo que pasaría.
Las compañeras de la guardería eran muy simpáticas, salvo la dueña, que era un poco seca y muy exigente con todas las chicas, aunque nada raro, sabiendo que de la calidad del cuidado de los niños vivían todas ellas.
Llegó a casa y comió rápido, esa tarde le tocaba quedarse porque algunos niños necesitaban más horas ya que sus padres trabajaban fuera, y las chicas en la guardería se turnaban para poder tener libres la mayor parte de las tardes posible.
Volvió pronto y pasó la tarde jugando los pocos niños cuyos padres trabajaban también hasta muy tarde.
Claudia, la jefa, les había dejado unas indicaciones. Esta tarde vendría a recoger a uno de los niños un amigo de unos padres en lugar de ellos. La seguridad era muy importante, y los padres debían llamar e identificar a la persona diferente de ellos mismos antes de que esta persona viniese. Hoy vendría a recoger a Mario un amigo de sus padres, que tenía que presentarse como Marco.
Ya eran casi las 7 de la tarde cuando sonó el timbre de la puerta. Argeme abrió y fue hacia la entrada a recibir la visita.
Cuando lo vio plantado en la entrada supo que era Marco, el chico que iba a recoger a Mario. No sólo porque no lo había visto nunca, y lógicamente conocía a todos los padres, sino porque ella conocía a aquel chico. Hacía muchísimo que no le veía. Había cambiado mucho, claro, hacía años, pero lo reconoció al instante. Era un antiguo amigo de su hermano.
Argeme Sabía que Marco vivía en aquella ciudad, pero nunca se había planteado siquiera llamarle. No obstante le hizo mucha ilusión verlo.
Supuso que era normal, llevaba viviendo allí bastante tiempo y no conocía a casi nadie. y aunque las chicas de la guardería eran muy simpáticas y se llevaban bien, todavía no había salido con ellas ni nada parecdio, no llevba allí mucho y no conocía a casi nadie en la ciudad.
De primeras Marco no pareció reconocerla, estaba mirando unos dibujos en la pared de los niños, probablemente buscando alguno del niño de sus amigos, y empezó a presentarse diciendo que era Marco y que venía a por Mario hasta que paró su mirada en los ojos de Argeme. Se quedó un momento callado, serio, tenía una barba corta y perfilada y una camisa algo arrugada después de haber pasado un día trabajando de reunión en reunión. Argeme notó que Marco la estaba intentando situar en su mente, fueron décimas de segundos. Sonrió. - Argeme - dijo. - Eres la última persona que hubiese esperado ver aquí -
Se saludaron efusivamente, él era algo mayor y hacía años que no se veían, pero se conocían desde pequeños. Le preguntó por cómo era que estaba en la ciudad, él pensaba que seguía en el pueblo.
Argeme le contó brevemente que había decidido salir un poco de su vida anterior, para desarrollarse personal y profesionalemnte pero que se le hacía un poco duro no conocer a nadie en la ciudad. No lo dijo por nada, sólo porque era cierto, pero Marco le dijo - Pues ya conoces a alguien. - Se dieron los números de teléfono y sin saber muy bien como, Argeme había quedado para cenar al día siguiente.
Mario se echó en los brazos de Marco antes de irse. Se notaba que el niño quería al chico mucho, y le llamaba "tito" pese a que ella sabía que no era su tío de verdad.
Argeme no pudo evitar la tentación de verle por la ventana cómo se marchaba con el niño mientras éste le contaba, emocionado, sus aventuras.
Se notó sonriendo cuando salió de su ensimismamiento una vez Marco cruzo la esquina y desapareció en la ciudad.
Había alquilado un piso ella sola y por eso caía en la nostalgia a veces, pero en general estaba muy contenta.
La oportunidad en el nuevo trabajo que tenía era muy buena, y durante los últimos años en su pueblecito natal, siempre había deseado emprender una aventura de ese estilo.
Después de todo, se había esforzado mucho estudiando por las noches para poder dedicarse a lo que ella quería. Le gustaban mucho los niños, y había conseguido trabajo en una guardería buenísima en una ciudad no muy lejos de su pueblo.
No cobraba mucho, pero tenía una libertad que hacía tiempo que no tenía, ya casi se había olvidado de lo libre que podía ser. Sus últimas experiencias con chicos y con la gente del pueblo la hastiaban cada vez más, y cuando le surgió la oportunidad de irse, y volver cólo cuando ella quería le hizo sentir una tremenda liberación.
A veces se sentía sola, sí, como ese día, pero se preguntó a sí misma si le gustaría volver a su vida anterior, monótona, predecible, ... aburrida. Decidió que no. No llevaba allí mucho tiempo, pero lo que más le apasionaba es que nada estaba escrito, nada hacía predecir lo que pasaría.
Las compañeras de la guardería eran muy simpáticas, salvo la dueña, que era un poco seca y muy exigente con todas las chicas, aunque nada raro, sabiendo que de la calidad del cuidado de los niños vivían todas ellas.
Llegó a casa y comió rápido, esa tarde le tocaba quedarse porque algunos niños necesitaban más horas ya que sus padres trabajaban fuera, y las chicas en la guardería se turnaban para poder tener libres la mayor parte de las tardes posible.
Volvió pronto y pasó la tarde jugando los pocos niños cuyos padres trabajaban también hasta muy tarde.
Claudia, la jefa, les había dejado unas indicaciones. Esta tarde vendría a recoger a uno de los niños un amigo de unos padres en lugar de ellos. La seguridad era muy importante, y los padres debían llamar e identificar a la persona diferente de ellos mismos antes de que esta persona viniese. Hoy vendría a recoger a Mario un amigo de sus padres, que tenía que presentarse como Marco.
Ya eran casi las 7 de la tarde cuando sonó el timbre de la puerta. Argeme abrió y fue hacia la entrada a recibir la visita.
Cuando lo vio plantado en la entrada supo que era Marco, el chico que iba a recoger a Mario. No sólo porque no lo había visto nunca, y lógicamente conocía a todos los padres, sino porque ella conocía a aquel chico. Hacía muchísimo que no le veía. Había cambiado mucho, claro, hacía años, pero lo reconoció al instante. Era un antiguo amigo de su hermano.
Argeme Sabía que Marco vivía en aquella ciudad, pero nunca se había planteado siquiera llamarle. No obstante le hizo mucha ilusión verlo.
Supuso que era normal, llevaba viviendo allí bastante tiempo y no conocía a casi nadie. y aunque las chicas de la guardería eran muy simpáticas y se llevaban bien, todavía no había salido con ellas ni nada parecdio, no llevba allí mucho y no conocía a casi nadie en la ciudad.
De primeras Marco no pareció reconocerla, estaba mirando unos dibujos en la pared de los niños, probablemente buscando alguno del niño de sus amigos, y empezó a presentarse diciendo que era Marco y que venía a por Mario hasta que paró su mirada en los ojos de Argeme. Se quedó un momento callado, serio, tenía una barba corta y perfilada y una camisa algo arrugada después de haber pasado un día trabajando de reunión en reunión. Argeme notó que Marco la estaba intentando situar en su mente, fueron décimas de segundos. Sonrió. - Argeme - dijo. - Eres la última persona que hubiese esperado ver aquí -
Se saludaron efusivamente, él era algo mayor y hacía años que no se veían, pero se conocían desde pequeños. Le preguntó por cómo era que estaba en la ciudad, él pensaba que seguía en el pueblo.
Argeme le contó brevemente que había decidido salir un poco de su vida anterior, para desarrollarse personal y profesionalemnte pero que se le hacía un poco duro no conocer a nadie en la ciudad. No lo dijo por nada, sólo porque era cierto, pero Marco le dijo - Pues ya conoces a alguien. - Se dieron los números de teléfono y sin saber muy bien como, Argeme había quedado para cenar al día siguiente.
Mario se echó en los brazos de Marco antes de irse. Se notaba que el niño quería al chico mucho, y le llamaba "tito" pese a que ella sabía que no era su tío de verdad.
Argeme no pudo evitar la tentación de verle por la ventana cómo se marchaba con el niño mientras éste le contaba, emocionado, sus aventuras.
Se notó sonriendo cuando salió de su ensimismamiento una vez Marco cruzo la esquina y desapareció en la ciudad.
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